11:34
28/02/2017
La última vez que nos vimos lloré,
porque sabía que hasta que no me echaras de menos
no te volvería a ver.
Y no volví a verte nunca.
La detención de un latir,
ni tinta ni palabras.
Escriben mis lágrimas,
mis hilos dorados en el suelo.
Un vago recuerdo de mi rostro
pálido,
los labios cuarteados,
y esas ojeras.
Un calor de segundo circulo,
dónde están castigados los pecadores
incontinentes,
y lujuriosos
en un abismo vasto,
rocoso,
con los extremos estructurales de un puente roto,
y revestido de estatuas de oro.
El primer día que te vi me arrancaste las alas,
y ahora te maldigo.
Ante ti no se abrirán las puertas del cielo.
Tú necesitas calor para derretir ese hielo.
Comentarios
Publicar un comentario