CADA VEZ QUE LLUEVE



(06/08/2017) - (27/12/2017) 

El otoño en mi pelo,
el verano en la piel,
larvas que quieren ser mariposas
en primavera,
en mi estómago.
Y un invierno dominándome la mirada.

Llueve,
y cada vez que llueve,
el asfalto está mojado,
y los pasos son con prisa,
y hay afán por sacar cuanto antes el paraguas,
y no se piensa en besos bajo la lluvia.


Yo estoy esperando
empapada en la cuneta
de aquella carretera 
que al final no nos llevó a ningún lado.
¿o acaso te llevó a ti,
a algún sitio sin mí?


Ahora  que el cielo llora.
Como si le hubieran roto el corazón.
Cierro la puerta pero miro por la ventana.


Al otro lado siempre es de noche.
Allí dónde el vidrio se empaña,
me encargaré de dibujar al sol,
y a su luz.


Ahora que hace frío,
como si al invierno le hubieran roto el corazón,
tiemblo y caigo 
al suelo 
como una hoja marchita,
y me dejo acariciar por las gotas.

Alguien o algo,
allí arriba,
se acuerda de regarme.

Puede que sea mi corazón,
-que en paz descanse-
que se quiere reencontrar conmigo.


Aunque ya haya llovido mucho,
las noches aún son frías y oscuras,
los poemas tristes 
y las estrellas,
y el sabor de mis lágrimas,
y el sonido de las gotas
resbalando en la ventana,
que me adormecen,
como si de una mano 
que meció una vez mi cuna
se tratara.

Y lloro hasta quedarme dormida.

Parece mentira.
Me consumió la ira,
y nunca más pude entrar en razón.
Pero esta vez
se siente diferente.
Esta vez el cielo y yo vamos al compás.


Inundan,
y ahogan.
Y las ventanas se empañan,
y sí, las puertas se cierran,
y la gente está ocupada.


Esta noche tiene algo
de nostalgia en el aire.
Yo pongo la mano en el fuego,
la luna seguirá acompañándome.
Incluso en las noches más oscuras,
iluminando mi camino.

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